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Economía - 2 semanas ago

El banquero que escuchaba a todos

Francisco González pasa de adalid de la ética a sospechoso de un espionaje generalizado en BBVA

Gran sorpresa para sus admiradores y amigos. La confirmación de las sospechas de que no era oro todo lo que relucía, para sus enemigos que, como sucede con todos los grandes capitanes de empresa, son legión. Francisco González (Chantada, 1944), expresidente de BBVA desde hace apenas dos meses, y que ha dejado hoy sus cargos, ha pasado de forma meteórica de ser el abanderado número uno de la ética en la banca a convertirse en sospechoso de actividades poco edificantes. BBVA, su banco, mantuvo contratado durante 14 años al excomisario José Manuel Villarejo para que actuase como proveedor de información, trabajos por los que la entidad financiera abonó algo más de 6 millones de euros. Hasta ahí, los hechos ya confirmados. Pero Villarejo, así figura en el sumario que instruye la Audiencia Nacional sobre sus actividades presuntamente delictivas, utilizó para ese objetivo «armamento nuclear»: miles de escuchas telefónicas a presidentes y directivos de grandes compañías y, lo más sorprendente, a ministros del Gobierno. Una bomba.

«Paquito el argentino», como llamaban en su pueblo a Francisco González -su familia había emigrado a Argentina- tiene por delante la prueba más dura de su vida. Infinitamente más complicada que aquella que le llevó a encerrarse durante año y medio a estudiar para sacar las oposiciones de agente de cambio y bolsa -un cuerpo ya desaparecido y cuyos titulares fueron homologados como notarios-, profesión que estaba catalogada como el salto hacia unos ingresos estratosféricos. Antes se había licenciado en Ciencias Económicas, había trabajado como programador informático -de ahí le viene la obsesión por la digitalización de la banca- y había aprobado ya la oposición a corredor de comercio -otro cuerpo ya desaparecido-, que era como una «segunda división» en ese mundo de los fedatarios públicos.

Revolucionar la banca

Siempre ha demostrado ser un tanto visionario, pero de los que aciertan en un alto porcentaje de ocasiones. Anticipó el auge de la intermediación financiera en España al margen de los grandes bancos, cuando se decidió a crear la firma FG en 1987. Insistió hasta el aburrimiento sobre la necesidad de digitalizar la banca cuando el sector aún estaba centrado las viejas oficinas y las colas ante las ventanillas. Y quizá por esa misma capacidad para ver el futuro decidió el pasado mes de septiembre anunciar su retirada inmediata, cuando apenas unos meses antes había asegurado que seguiría hasta la junta de accionistas que se celebrará en marzo de este año y que era la última que quería presidir. ¿Sabía lo que se venía encima? Es más que probable y no quiso que esa tromba le pillase en la cúpula del banco, aunque le ha cazado en la presidencia de honor, que no deja de tener su aquel. Al menos, habida cuenta de las presunciones que le rodean. Carlos Torres, el actual presidente, negó el viernes este extremo aunque tampoco supo dar una razón convincente para justificar que González haya eludido la próxima junta de accionistas. Más aún cuando, en su vertiente económica, iba a ser un paseo triunfal a las puertas de su retirada. El banco obtuvo el pasado año el mejor resultado desde el inicio de la crisis, aunque en parte debido a elementos extraordinarios como la venta de la filial en Chile.

Sometido a investigación

FG siempre ha tenido fama de escuchar a todo el mundo. También de hacer lo que le daba la gana, aunque este no es un hecho singular y suele ser un atributo inherente al liderazgo y sobre todo a los presidentes de grandes compañías. ¿Se envició en eso de escuchar hasta el punto de recurrir a fórmulas poco ortodoxas y claramente ilegales? Una investigación interna abierta por el banco, pero sobre todo el trabajo que ya ha iniciado la Audiencia Nacional, persiguen, precisamente, aclarar este delicado extremo. «Este es un vicio generalizado -opina un exalto cargo de BBVA- que comenzó con la presidencia de Mario Conde en Banesto. Si hoy no tienes dosieres que los que te rodean, eres un gilipollas».

Llegó a la presidencia de Argentaria apadrinado por Manuel Pizarro, otro exagente de cambio y bolsa, que fue quien le convenció a José María Aznar de que era el hombre perfecto para pilotar lo poco que quedaba de la banca pública. González se deshizo de su empresa, FG Inversiones, que acabó en manos de la multinacional Merrill Lynch, en un asunto que levantó polvareda por la existencia de presuntos agujeros en el balance de la sociedad. Luego llegaría la fusión de Argentaria con BBVA.

Fue en esta etapa cuando Francisco González demostró que es la mezcla perfecta entre un maestro de esgrima y un yudoca cinturón negro, décimo dan. Lo más de lo más. Con la esgrima atrajo al consejo de administración del BBV, que se dejó querer porque creyeron que compraban a precio de ganga. La valoración de Argentaria en aquella operación era realmente baja, muy atractiva. Como yudoca consagrado, utilizó la fuerza del adversario para hacerle caer, cuando el entonces copresidente del banco, Emilio Ybarra, le confesó que una parte de los activos de la entidad estaban ocultos en sociedades en Jersey. La derrota por KO llegó pocos meses más tarde, cuando descubrió que los exconsejeros del BBV habían cobrado una cantidad extra, mediante unos fondos de pensiones que no se habían declarado. FG apeló a la ética para defender que era necesaria aquella limpieza de directivos y consejeros que habían actuado con tanto déficit de transparencia. Hoy, en ese colectivo en su mayoría ligado al poder financiero vasco, se acaricia la venganza con indisimulado placer. De nuevo esgrima, pero con ruido de sables.

De Rajoy a Rivera

Una de sus características es que siempre ha sido lenguaraz en privado. En exceso para la prudencia que se le supone al presidente de unos de los grandes bancos de Europa. Su tendencia a decir lo que piensa es irrefrenable. Pocos días después de que se conociese el intento de Sacyr de tomar el control del banco en 2004 -la operación que al parecer desencadenó la contratación de Villarejo para acceder a información privilegiada-, en un encuentro celebrado en la torre del BBVA en el centro de Bilbao, un periodista le preguntó sobre le papel que jugaba Juan Abelló, junto a Luis de Rivero, en aquella operación. «A Juán lo que le pasa es que ya no se le levanta y necesita estas cosas para entretenerse», soltó a bocajarro.

Nunca había ocultado su inclinación política conservadora, pero incluso en la última etapa de Mariano Rajoy había perdido bastante la confianza sobre el papel que podía jugar el Partido Popular, habida cuenta de la lluvia de escándalos y corrupción a la que estaba sometido. Su caballo ganador, el político que en esta última etapa le tenía encandilado y por el que no ocultaba su admiración era Albert Rivera, el líder de Ciudadanos. Es pronto para saber si también es visionario en política.

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