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Internacional/Mundo - 09.01.2019

Trump presiona por un muro que el país rechaza

Tanto el presidente como su partido defienden que es una promesa electoral pero sus votantes ahora están más preocupados por el cierre del Gobierno

A pesar de la oposición de la mayoría de los estadounidenses a la construcción de un muro fronterizo con México, el presidente de EE UU anunció a la nación su determinación de conseguir lo que ahora llama «verja de acero» contra la inmigración irregular. En un discurso de 8 minutos desde el Despacho Oval emitido en horario de 'prime time' por varias cadenas de ámbito nacional, Donald Trump calificó de «crisis humanitaria y de seguridad nacional» la situación de la frontera sur y defendió la necesidad de proteger al país.

Trump, que envolvió sus demandas en un argumento humanitario cuidadosamente diseñado, habló de la necesidad de proveer de recursos adicionales a la Patrulla Fronteriza, de incrementar la asistencia médica y humanitaria, así como de introducir nueva tecnología. La defensa ciega del muro llega en medio de un cierre parcial del Gobierno federal ya en su tercera semana, que afecta a 800.000 familias de funcionarios públicos suspendidos temporalmente de sueldo porque las obliga a pasar penurias para llegar a fin de mes hasta que acabe la crisis.

El líder de la minoría demócrata del Senado, Chuck Schumer, y la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, ofrecieron su refutación también por televisión de un discurso presidencial que consideraron lleno de malicia y de información falseada.

APROBACIÓN A LA BAJA41%
es el porcentaje de ciudadanos que aprueba la gestión presidencial y un 54% la desaprueba.
42%
es el índice de apoyo a Trump entre su propio electorado, que empieza a mostrar cansancio.

Aunque enfatizó el estado de crisis en la línea divisora con México, Trump no llegó a invocar el estado de emergencia nacional, a sabiendas de que el argumento del peligro para la seguridad es débil, si no inexistente, y de que, de ser declarado, habría sido contestado en los tribunales de inmediato.

La Casa Blanca, embarcada durante la última semana en una campaña de desinformación, ha venido manejando argumentos que justifiquen la construcción del muro a partir de información manipulada y refutada una y otra vez por periodistas y expertos. En varias entrevistas en televisión, el propio vicepresidente, Mike Pence, y la portavoz de la Casa Blanca, Sarah Sanders, sostuvieron que «4.000 terroristas» son detenidos al año en la frontera sur, un dato que según el Departamento de Estado alude al conjunto de sospechosos detectados en aeropuertos de todo el mundo.

La realidad es que nunca se ha detectado a ningún terrorista que pretendiera entrar a EE UU por México. Sí por los aeropuertos nacionales, donde el cierre parcial de la Administración federal afecta en estos momentos a las inspecciones de seguridad, que deben hacerse con un personal mínimo.

Los estadounidenses, que parecen estar alcanzando ya un nivel de fatiga considerable por la obstinación presidencial con el muro, responsabilizan a Trump y a los republicanos del bloqueo del Gobierno federal, según muestran los últimos sondeos. Cerca de un 50% cree que Trump es el culpable del cierre; un 35% lo atribuye a los demócratas del Congreso y un 5%, a los republicanos del legislativo.

En un capítulo que sin duda le resultará más doloroso, Trump enfrenta el índice de aceptación más bajo desde el pasado septiembre y es mucho más impopular que Nancy Pelosi. Según una media de diversas encuestas, sólo un 41% aprueba la gestión presidencial, mientras que un 54% la desaprueba.

El presidente planea una visita mañana a la frontera sur como parte de su campana para justificar la construcción del muro, una iniciativa que siempre fue impopular entre el electorado, excepto entre los más convencidos votantes de Trump. El presidente y los republicanos necesitan el muro para contentar a la base de su electorado, a la que prometieron una fantasía de cumplimiento imposible.

La fortaleza de Trump reside en un segmento formado por electores mayores, siempre más movilizados que los jóvenes a la hora de votar. Pero si el muro ha sido hasta ahora popular o tolerable para este sector, el cierre del Gobierno afecta a muchos trabajadores que votaron por él en 2016 y ha empezado a hacer mella también entre ellos. Los sondeos recientes revelan una caída en el apoyo al presidente por parte de su propio electorado, con sólo un 42% de aprobación frente a un 53% que desaprueba su gestión.

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