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Internacional/Mundo - 31.12.2018

Una gran fiesta de fin de año espera a Trump en su retiro de Florida

Su familia ya está en Mar-a-Lago para asistir a un evento en el que el Servicio Secreto trabajará sin cobrar por el cierre parcial del Gobierno federal

Con el Gobierno federal entrando en su segunda semana de cierre parcial, muchos norteamericanos ansían que Donald Trump se avenga a zanjar el desacuerdo con el Congreso. Pero el dilema urgente del presidente de Estados Unidos, solo y abandonado en la Casa Blanca esta Navidad, es de muy diferente corte: asistir o no a la lujosa fiesta de Fin de Año en su retiro de Mar-a-Lago.

Si decide acudir al evento en el que los asistentes se harán fotografías que muestren al Servicio Secreto protegiendo al presidente, entre caviar y champán, mientras cientos de miles de americanos no saben si cobrarán el sueldo o si serán despedidos, generará con seguridad duras críticas hacia el mandatario. Y no comparecer supondría defraudar a los miembros e invitados del club Mar-a-Lago que han pagado hasta 1.000 dólares (875 euros) para dejarse ver y tener acceso a Trump.

Un dilema que según Norm Eisen, presidente de Ciudadanos por la Responsabilidad y la Ética en Washington, otros presidentes no habrían considerado ni por un momento, mucho menos cuando al actual mandatario se le considera responsable de la crisis del cierre por estar obsesionado con la financiación de un muro innecesario en la frontera con México que prometió que no costaría un dólar a los contribuyentes.

Paradójicamente, el Servicio Secreto es una de las agencias cuya financiación terminó el día 21 con el cierre parcial del Gobierno federal. Los miembros de este grupo de elite forman parte de los 800.000 empleados que se han quedado sin sueldo, -un cuarto del Gobierno federal-, de los cuales cerca de la mitad se consideran esenciales y deben trabajar sin cobrar hasta que el presidente firme la legislación que permita los pagos.

Aunque el jefe de Gabinete en funciones, Mick Mulvaney, insistió en que el presidente permanecería en Washington durante el resto de las fiestas tras cancelar supuestamente las celebraciones de Navidad y Año Nuevo, el hecho de que la primera dama, Melania, así como su hija Ivanka y el marido de esta, Jared Kushner, estén ya en el 'resort' de Palm Beach (Florida) hace más que previsible que se les una el propio Trump.

Mulvaney y la portavoz de la Casa Blanca, Sarah Sanders, han estado tejiendo una narrativa que culpa a la líder demócrata Nancy Pelosi de negarse a negociar porque quiere salvaguardar su nombramiento oficial como presidenta de la Cámara de Representantes, el día 3, en lugar de proteger la frontera. El mensaje coordinado pretende justificar la asistencia del presidente a la lujosa fiesta argumentando que sería irrelevante dónde espera Trump a que la oposición ceda a sus demandas.

El mandatario, que prometió que se separaría de sus negocios si ganaba las elecciones, incumplió su palabra antes incluso de asumir el cargo porque sigue obteniendo ingresos de sus hoteles y campos de golf, incluidos los que suele frecuentar en Nueva Jersey, Washington D.C. y Bedminster.

Se encarecen las tarifas

En los dos años desde que fue elegido presidente, Mar-a-Lago ha doblado el precio de ser miembro, de 87.000 a 174.000 euros. Según un informe del 'Palm Beach Post', la cuota anual subirá 870 euros el año que viene y se colocará en 14.000 euros.

El precio de los tickets de la fiesta 'sólo para socios e invitados' de Fin de Año en Mar-a-Lago se encareció también desde la elección de Trump. De un máximo de 500 euros en 2016 pasó a 655 el año pasado. Y hasta 875 euros tuvieron que desembolsar los aspirantes a codearse con el presidente y su familia mañana por la noche. Y el precio nominal de la entrada no incluye el 20% de propina obligatorio y el 7% de impuesto.

Un artículo en la revista 'Quarz' revela que el Servicio Secreto ha tenido que destinar ya más de 47.000 euros al alquiler de tiendas para los controles de seguridad de los invitados a la fiesta. Norm Eisen, que ha presentado una demanda para conocer la lista de visitantes de Mar-a-Lago, calificó el evento como algo propio de los tiempos de Luis XVI. Según Eisen, que fue jefe de la Oficina de ética del presidente Obama, se trata de un claro enriquecimiento personal a base de vender a grupos de interés el acceso al presidente.

Un acceso que continuará a la venta el resto del año en las propiedades de Trump y que ha generado ya al menos una investigación sobre Ivanka, que gestionó personalmente el costoso alquiler de salones y habitaciones del hotel Trump en Washington utilizados en las celebraciones de la investidura de su padre como presidente.

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